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¿Cómo se pierde un coche vuelta a vuelta? Mekies confirma el mal endémico que Verstappen lleva años denunciando en Red Bull

Mekies da la razón a Verstappen: el RB22 pierde rendimiento vuelta a vuelta, un problema complejo y antiguo que seguirá presente en 2027.

•9 min de lectura
PM
POR:Paula Méndez
¿Cómo se pierde un coche vuelta a vuelta? Mekies confirma el mal endémico que Verstappen lleva años denunciando en Red Bull
Fórmula 1ÚLTIMA HORA // EXCLUSIVO
Max Verstappen al volante del Red Bull RB22, un monoplaza capaz de pelear podios pero incapaz de sostener su rendimiento a lo largo de una tanda larga.
Resumen de la noticia
Las claves
⚡ EL HECHO CLAVE

Red Bull confirma oficialmente la existencia de una degradación progresiva del rendimiento del RB22 dentro de una misma sesión y de una misma carrera, con pérdidas aerodinámicas que no dependen del alerón trasero móvil.

📊 LA TELEMETRÍA

Seis podios de Verstappen en 2026, con un coche considerado el cuarto más rápido de la parrilla y pérdidas de tiempo por vuelta calificadas por el equipo como 'de impacto significativo'.

🏎️ IMPACTO EN PISTA

El problema se arrastra desde hace años, no tiene solución rápida y Mekies ya anticipa que acompañará al equipo también en la próxima temporada, condicionando el desarrollo del RB22 y de su sucesor.

En esta noticia

1. Seis podios con el cuarto coche: la anomalía estadística que sostiene a Verstappen

El Gran Premio de España ha dejado una estadística que retrata con precisión quirúrgica la temporada 2026 de Red Bull. Max Verstappen ha alcanzado los seis podios, lo que le convierte en el piloto con más resultados entre los tres primeros de toda la parrilla por detrás únicamente de los dos hombres de Mercedes. Es un registro que adquiere otra dimensión cuando se cruza con el dato que el propio equipo admite sin ambigüedades: el RB22 ha sido, en gran medida, el cuarto coche más rápido del campeonato.

En términos de telemetría pura, la lectura es clara. Un coche que no es capaz de estar en el top-3 de ritmo puro durante un fin de semana completo no debería estar firmando podios de forma sostenida, y menos con la regularidad con la que lo hace el neerlandés.

Lo que sostiene esa cifra es una combinación de tres factores: la capacidad del piloto para extraer el máximo del paquete disponible, la ventana de rendimiento del RB22 en condiciones específicas de pista y temperatura, y un componente de gestión de carrera que el equipo ha ejecutado mejor que el ritmo bruto del monoplaza.

El caso de Madrid es el ejemplo perfecto para entender este equilibrio frágil. Verstappen cerró un segundo puesto que apenas unas curvas antes parecía matemáticamente inalcanzable, gracias a la combinación del abandono de Lewis Hamilton y a la aparición del coche de seguridad virtual (VSC) en el instante exacto. La ventana de neutralización convertida en tiempo regalado es, en la Fórmula 1 moderna, tan decisiva como medio segundo de carga aerodinámica.

Y Red Bull, consciente de sus limitaciones, ha construido su temporada sobre esa clase de oportunidades.

Pero el podio no puede tapar el diagnóstico técnico. En clasificación, el equipo sufrió con una unidad de potencia lastrada por una gestión de software que no estaba en su punto óptimo. Ese déficit se tradujo, vuelta a vuelta, en una asignación de energía al motor eléctrico que impedía al RB22 optimizar el despliegue a lo largo del giro completo, con una penalización especialmente dolorosa en el último sector, allí donde los coches buenos separan a los buenos de los mejores.

"Creo que Max tiene razón cuando dice que existe un problema de degradación del rendimiento del coche que se manifiesta durante una sesión y durante la carrera."

Laurent MekiesJefe de equipo • Red Bull Racing

2. El problema real: un coche que se degrada a sí mismo, vuelta tras vuelta

Más allá del software, hay un asunto que acapara la atención en Milton Keynes y que no fue tan visible en Madrid: el comportamiento errático y progresivamente decadente del coche a lo largo de una tanda. Verstappen lo ha verbalizado en repetidas ocasiones durante los últimos Grandes Premios, y la descripción no admite muchas interpretaciones: el rendimiento del monoplaza cae vuelta tras vuelta, como si el propio coche estuviera degradándose a sí mismo, independientemente de lo que hagan los neumáticos.

El problema no es nuevo y tampoco es puntual. En Hungría, antes del parón veraniego, el neerlandés volvió a perder el control del vehículo en una secuencia donde el coche ya no respondía como había respondido al inicio de la tanda. En aquel momento explicó que el equipo podía identificar con claridad pérdidas aerodinámicas que nada tenían que ver con el funcionamiento del alerón trasero móvil.

Ese matiz es fundamental: cuando la pérdida se produce con el DRS cerrado, el origen hay que buscarlo en otra parte del coche.

En Monza, el patrón se repitió con la parte trasera del RB22, tanto en los entrenamientos libres como en carrera, a lo largo de casi todo el fin de semana. En términos de ingeniería, esto desplaza el foco hacia zonas del monoplaza sensibles a la temperatura, a la rigidez estructural bajo carga sostenida o a la interacción entre el flujo del fondo plano y el difusor.

Cualquier deformación elástica no deseada, cualquier pérdida de sellado aerodinámico o cualquier punto de estancamiento que se desplace con el calentamiento progresivo puede traducirse exactamente en lo que Verstappen describe: un coche que empieza bien y termina mal.

Lo relevante para el campeonato es que esta degradación de rendimiento golpea justo donde más duele: en la capacidad de sostener un ritmo de carrera. Un monoplaza que pierde décimas no por los compuestos, sino por sí mismo, obliga al piloto a atacar antes de tiempo, a sobreconducir para compensar, y eso a su vez acelera el desgaste de las gomas y multiplica el riesgo de error. Es el peor de los círculos viciosos posibles.

3. Componentes que no rinden: variabilidad de piezas y su factura presupuestaria

Existe un segundo nivel de análisis que Mekies ha confirmado de forma velada pero inequívoca: hay situaciones en las que determinados elementos del coche no alcanzan el nivel de rendimiento óptimo, y eso se traduce directamente en tiempo perdido por vuelta. No es un problema exclusivo de Red Bull; algunas escuderías han observado discrepancias de rendimiento entre piezas que comparten exactamente la misma especificación, lo que apunta a tolerancias de fabricación, procesos internos o control de calidad en la cadena de suministro.

El impacto económico de ese diagnóstico es enorme. Si un componente no ofrece el rendimiento esperado, el equipo pierde tiempo cada vuelta; pero si decide sustituirlo, la factura recae de lleno sobre el límite presupuestario y sobre el techo de horas de túnel de viento y CFD. En un reglamento financiero tan restrictivo como el actual, cada pieza descartada por falta de correlación es dinero y capacidad de desarrollo que no se invierte en mejorar el concepto aerodinámico.

Las escuderías que sufren este tipo de dispersión de producción no solo son más lentas: son estructuralmente más pobres en recursos efectivos.

Mekies ha sido transparente en el diagnóstico y deliberadamente opaco en la solución. No quiso entrar en detalles específicos sobre cómo pretende arreglarlo, y reconoció que el equipo ha intentado abordar la cuestión por diversas vías sin haber llegado al fondo del asunto. Esa frase, 'si no fuera complejo ya lo habríamos resuelto', resume mejor que ninguna otra el estado real del programa técnico de Milton Keynes: no estamos ante un error de configuración, sino ante un problema sistémico que atraviesa varias generaciones de coche.

El propio jefe de equipo ha reconocido avances durante el último fin de semana de carrera, progresos que no ofrecen una imagen completa pero que sí han mejorado la comprensión del fenómeno. Ese matiz es importante: en Fórmula 1, comprender el problema es a menudo más de la mitad de la solución, y Red Bull parece haber pasado de sufrirlo sin explicación a poder acotarlo. La mala noticia llega a continuación: 'Aún no tenemos todas las soluciones para el coche, pero confío en que vamos por buen camino'.

Traducción a lenguaje de pista: meses, no semanas.

"No creo que vayamos a explicar exactamente de qué se trata ni cómo pretendemos arreglarlo. Es un problema complejo, porque de lo contrario ya lo habríamos resuelto."

Laurent MekiesJefe de equipo • Red Bull Racing

4. Software de energía, último sector y la carrera por el décima que no llega

El segundo frente abierto es la gestión de la energía. Desde la entrada del reglamento de 2026, el reparto entre la parte térmica y la eléctrica de la unidad de potencia se ha convertido en un ejercicio de optimización tan delicado como la propia aerodinámica. Verstappen lo explicó con precisión tras la clasificación en Madrid: los problemas de gestión del software impidieron a Red Bull optimizar el despliegue de energía a lo largo de la vuelta, lo que les costó terreno de forma especialmente acusada en el último sector.

La lógica de un circuito urbano o semiurbano agrava ese déficit. Cuando el trazado encadena rectas cortas con curvas lentas, la capacidad de recuperar y desplegar energía de forma inteligente marca diferencias de varias centésimas por sector. Si el software no encuentra la estrategia óptima de entrega, el coche llega al último tramo del giro con la batería en una ventana de carga que no le permite atacar en plenitud.

Y con el RB22 siendo el cuarto coche de la parrilla, Red Bull no tiene margen para regalar ni una décima en clasificación.

Este déficit de software no es aislado: interactúa con el problema de degradación. Un coche que pierde carga aerodinámica a lo largo de la tanda necesita más apoyo del motor eléctrico para compensar; un coche que no puede desplegar toda su energía obliga a comprometer antes el equilibrio mecánico; y una vez que eso ocurre, la degradación se retroalimenta. Es exactamente el tipo de bucle que convierte un fin de semana sólido en una carrera defensiva.

Aun así, la gestión de carrera ha sido notablemente superior al ritmo bruto del coche. La elección de ventanas de parada, la lectura del tráfico y la capacidad de Verstappen para sostener neumáticos en condiciones adversas están permitiendo a Red Bull rentabilizar fines de semana en los que su rendimiento puro dictaría posiciones mucho más discretas. Ese diferencial es, hoy, el activo competitivo más valioso del equipo.

5. Consecuencias para el campeonato y para el desarrollo de 2027

La sentencia más dura de Mekies no fue sobre el presente, sino sobre el futuro: el problema 'probablemente nos acompañará también el año que viene'. En el lenguaje del paddock, eso equivale a admitir que la arquitectura conceptual del RB22 arrastra una limitación que no se corrige con piezas nuevas, sino con un replanteamiento de fondo que solo llegará con el siguiente ciclo de reglamento o con una revisión profunda del coche actual.

En términos competitivos, esto tiene una lectura inmediata. Verstappen podrá seguir sumando podios, incluso ganando carreras en condiciones favorables, pero Red Bull no puede aspirar a un ritmo de dominancia sostenido mientras el coche se degrade a sí mismo dentro de cada sesión. Cada punto que el neerlandés arranca en domingo es un punto extraído a base de talento y gestión, no de superioridad técnica.

Ese tipo de rentabilidad es insostenible a lo largo de un campeonato completo frente a rivales que sí tienen un paquete consistente.

Para la fábrica, la prioridad técnica está clara: aislar en qué condiciones exactas y en qué zonas del monoplaza se produce la pérdida. Ese trabajo exige correlación entre simulación, banco de pruebas y pista, y consume un recurso escaso. Y en paralelo, la dirección del equipo debe tomar decisiones sobre cuánto seguir desarrollando un coche con un techo estructural conocido y cuánto trasladar al proyecto siguiente.

Es la decisión más costosa que puede tomar un equipo técnico: aceptar que el presente tiene un límite fijo.

Mientras tanto, el mercado de pilotos y la planificación deportiva del equipo también quedan condicionados. Un coche que no rinde de forma predecible complica la evaluación de cualquier piloto, porque hace imposible separar con nitidez lo que aporta el conductor de lo que aporta el paquete. Red Bull ha construido buena parte de su éxito reciente sobre la certeza técnica; hoy está operando sobre la incertidumbre, y eso se nota en cada vuelta que el RB22 empieza fuerte y termina flojo.

"Es un aspecto del rendimiento del coche que a veces no se mantiene en el nivel óptimo, y estamos hablando de un impacto significativo en el tiempo por vuelta. No será una solución rápida, así que probablemente nos acompañará también el año que viene."

Laurent MekiesJefe de equipo • Red Bull Racing
Ficha técnica · 8 datos
Monoplaza
Red Bull RB22 (reglamento 2026)
Unidad de potencia
Red Bull Ford Powertrains, reparto 50/50 térmico-eléctrico
Posición real en parrilla
4º coche más rápido según el propio equipo
Podios de Verstappen
6 podios (2º mejor registro de la parrilla)
Naturaleza de la pérdida
Degradación aerodinámica progresiva, no atribuible al DRS
Zona más castigada en clasificación
Último sector y despliegue de energía
Origen del déficit en clasificación
Gestión de software no optimizada en la unidad de potencia
Variabilidad de piezas
Componentes de idéntica especificación con rendimiento dispar
Análisis y conclusión

La Firma de AL CORTE: cuando el mejor coche del equipo no es el más rápido, sino el más honesto

Hay una frase de Mekies que debería enmarcarse en toda la fábrica de Milton Keynes: 'Es un problema complejo, porque de lo contrario ya lo habríamos resuelto'. Es la declaración de humildad técnica más honesta que ha salido de Red Bull en años, y probablemente también la más reveladora. Durante una década, el equipo angloaustríaco construyó su hegemonía sobre una correlación casi perfecta entre túnel de viento y pista, sobre piezas que rendían exactamente lo que prometía el modelo.

Lo que Verstappen denuncia desde hace años y Mekies acaba de confirmar es que esa certeza se ha roto.

La lectura fácil es que Red Bull tiene un coche lento. La lectura correcta, y mucho más incómoda, es que tiene un coche inestable en su propio rendimiento. Es decir: no es que le falten décimas, es que no sabe con precisión cuándo las tendrá y cuándo no.

En un campeonato decidido por márgenes de centésimas y por la capacidad de repetir un rendimiento fin de semana tras fin de semana, la imprevisibilidad es un castigo mucho más severo que la simple falta de carga aerodinámica. La falta de ritmo se arregla con desarrollo; la falta de consistencia se arregla con tiempo, dinero y aceptar el fracaso de hipótesis.

En ese contexto, los seis podios de Verstappen dejan de ser una estadística de éxito y se convierten en una medida de compensación humana. El neerlandés está cubriendo con gestión de carrera y agresividad controlada lo que el monoplaza no entrega por sí mismo, y lo está haciendo con un coche que en clasificación ya parte con el despliegue de energía comprometido. Es el tipo de rendimiento que, históricamente, define a los pilotos más grandes, pero también el tipo de rendimiento que un equipo no debería necesitar de forma estructural.

La advertencia de que el problema seguirá presente el año que viene es el verdadero titular de esta historia. Red Bull no está atravesando un bache de rendimiento: está atravesando una revisión profunda de cómo fabrica, valida e integra sus componentes. Y mientras eso ocurre, seguirá subiendo al podio lo suficiente como para que nadie, fuera del equipo, termine de entender lo grave que es el problema.

Esa, y no otra, es hoy la mayor vulnerabilidad de Milton Keynes.

EN DESARROLLO

Red Bull admite oficialmente lo que Verstappen lleva años denunciando: el RB22 sufre una degradación de rendimiento progresiva dentro de cada sesión y de cada carrera, con pérdidas aerodinámicas ajenas al DRS y componentes de idéntica especificación que rinden de forma dispar. Mekies confirma avances parciales en la comprensión del fenómeno, pero descarta una solución rápida y anticipa que el problema seguirá presente en la próxima temporada. Mientras tanto, los seis podios de Verstappen sostienen al equipo en la tabla por encima de lo que permitiría su ritmo puro, que le sitúa como cuarto coche de la parrilla.

PM
Paula MéndezTALENTO & F2/F3
Cronista de F2, F3 & Academias de Jóvenes Pilotos•Monza, Italia

Sigue la pista de las futuras estrellas desde el karting internacional hasta el último peldaño de la antesala de Fórmula 1.

REPORTE PERIODÍSTICO TRADUCIDO Y ELABORADO A PARTIR DE MOTORSPORT.COM LATINOAMÉRICA (F1 & FRANCO COLAPINTO).
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