¿400 mph sobre la sal: quién manda realmente en Bonneville?
Danny Thompson logra 396.949 mph en la Ferguson Streamliner y el JCB Hydromax supera las 400 mph. Bonneville vuelve a ser el laboratorio extremo del automovilismo.

Resumen de la noticia
Danny Thompson se adjudicó el trofeo de la Semana de la Velocidad 2026 con 396.949 mph en la Ferguson Streamliner, aunque el JCB Hydromax superó las 400 mph en la verificación posterior de la FIA.
396.949 mph para Thompson; más de 400 mph para el JCB Hydromax; MGA con 600 CV y objetivo de 200 mph.
Bonneville se consolida como banco de pruebas extremo de aerodinámica, tracción y propulsión; el duelo entre streamliners de combustión y proyectos de altos recursos empuja la frontera de los 400 mph y presiona a la industria a mejorar eficiencia y refrigeración.
En esta noticia
1. La sal como catedral: 78 ediciones y una barra llamada Carmen’s
En Wendover, Utah, Carmen’s es mucho más que un bar en el borde del aeropuerto. La fila de hot rods y muscle cars afuera delata su verdadera religión: la velocidad. Sus paredes acumulan pósteres, banderas y fotos de los héroes que han grabado su nombre en las Salinas de Bonneville a lo largo de 78 ediciones de la Semana de la Velocidad.
Incluso Andy Green, poseedor del récord absoluto de velocidad en tierra, hace cola por una cerveza y acepta con elegancia las selfies de los asistentes.
La sal de Bonneville no es un circuito permanente. Es una superficie viva, rugosa y cambiante, que el viento y la lluvia modifican cada temporada. Cada mañana, los equipos trazan, barren y miden el trazado.
La velocidad no se negocia: se certifica contra el cronómetro y, cuando corresponde, contra los jueces de la FIA. Allí no hay escapatorias de asfalto ni muros de neumáticos; hay una llanura blanca que exige precisión milimétrica y una lectura constante de la adherencia.
Bonneville mezcla profesionalismo de alto presupuesto con alma de garaje. Su ambiente recuerda al Tourist Trophy de la Isla de Man: rivalidad mínima, ayuda mecánica máxima y una comunidad que celebra cada pasada como si fuera propia. Muchos equipos remolcan sus coches durante miles de kilómetros hasta Utah.
No vienen solo a ganar; vienen a medirse contra la sal, contra la física y contra su propio límite.
"A 130 mph se siente como si estuvieras dentro de una lavadora. Es intenso. Todo el tiempo debates si participar fue buena idea. Cuando terminas, piensas: ‘¡Estoy listo otra vez!’"
2. MGA verde menta: 600 CV y el asalto a las 200 mph
Mike Wagner es uno de los nombres que captura la atención de los británicos en la sal. Su MGA verde menta no es un prototipo futurista, pero bajo el capó esconde una bestia: un V8 Ford Coyote supercargado de 600 caballos. El objetivo declarado es alcanzar las 200 mph en un coche de silueta clásica, sobre una superficie suelta que castiga cada gramo de adherencia y cada centímetro de resistencia aerodinámica.
La receta técnica impone respeto. La línea de meta está a ocho millas de la salida y, por la curvatura de la Tierra, resulta invisible desde el punto de partida. A 130 mph, según relata su equipo, la sensación es la de estar dentro de una lavadora.
El chasis vibra, la dirección flota y el piloto debate en tiempo real si la decisión de correr fue sensata. Cuando termina, sin embargo, la adrenalina vuelve a pedir pista.
La mezcla de un MGA británico con un V8 americano resume el espíritu de Bonneville: ingenio de garaje, potencia desmedida y aerodinámica de época adaptada a un propósito extremo. No hay ayudas electrónicas sofisticadas ni túneles de viento infinitos. Hay que gestionar transferencia de peso, temperatura, neumáticos y una superficie que cambia de un día para otro.
Cada mph ganada es una victoria de preparación.
3. Santa Fe Roadster: 300 mph para un dueño de 88 años
Corey toma el volante del Santa Fe Roadster, un coche de forma peculiar que parece salido de una historieta de velocidad. Su dueño habitual, Herb Gehlken, tiene 88 años y este año cedió el asiento por una lesión de cadera. La misión del equipo es clara: alcanzar las 300 mph por él.
En Bonneville, la edad no es un impedimento para seguir soñando; la experiencia se hereda y el relevo se asume con orgullo.
El Santa Fe Roadster no es un streamliner de presupuesto millonario, pero su silueta y su historia le dan un lugar en la sal. Cada pasada exige revisar frenos, suspensión, neumáticos y aerodinámica. La forma del coche, a medio camino entre un zapato de payaso y un proyectil terrestre, obliga a un pilotaje quirúrgico.
A altas velocidades, cualquier desviación se multiplica y la corrección debe ser mínima para no perder velocidad ni estabilidad.
En Bonneville, la motivación emocional también cuenta como combustible. Corey no corre solo por una marca; corre por un hombre que no puede sentarse al volante pero que sigue presente en cada decisión. Esa lealtad explica por qué la Semana de la Velocidad no es únicamente una competición: es una comunidad que se sostiene en la pasión, la amistad y el respeto por quienes abrieron camino.
"Herb estaría en el coche si no fuera por la lesión de cadera. Queremos alcanzar las 300 mph por él."
4. Danny Thompson, JCB Hydromax y la frontera de las 400 mph
Danny Thompson se llevó el trofeo de la Semana de la Velocidad 2026 al alcanzar 396.949 mph con la Ferguson Streamliner. Su marca quedó a poco más de tres millas por hora del umbral de las 400 mph, una frontera que separa a los mortales de los récords absolutos. En la sal, esa diferencia mínima puede depender del viento, de la temperatura, de la humedad o de una sola pasada perfecta.
La Ferguson Streamliner es un ejercicio de aerodinámica extrema. Perfil bajo, carrocería alargada y una configuración pensada para minimizar la resistencia al aire y mantener estabilidad a velocidades donde el cielo y la sal se confunden. A ese nivel, los neumáticos, los frenos y los paracaídas de frenado son tan importantes como la potencia.
No basta con acelerar: hay que sobrevivir a la desaceleración y mantener el coche recto en un entorno sin referencias visuales claras.
El JCB Hydromax, un proyecto de altos recursos, superó las 400 mph en la verificación posterior de la FIA y acaparó titulares. Sin embargo, en la Semana de la Velocidad, el trofeo fue para Thompson. La diferencia entre ambos hitos radica en las condiciones de homologación y en el momento de la medición.
La prensa puede simplificar, pero en Bonneville cada récord tiene su procedimiento, sus jueces y su contexto.
La batalla entre streamliners y proyectos tecnológicos de gran presupuesto mantiene viva la mística de la sal. Unos buscan el récord absoluto; otros, la validación de soluciones de propulsión, materiales o aerodinámica. En ambos casos, la frontera de las 400 mph sigue siendo el gran imán.
Bonneville no regala nada: solo acepta pasadas completas, cronometradas y certificadas.
5. Suzuki Cappuccino, viento y la liturgia de la sal
Curt y Jen remolcaron su Suzuki Cappuccino desde Alberta, Canadá, hasta Utah. En un paddock dominado por V8 LS de catálogo y motores descomunales, su pequeño kei car de 660 cc y tres cilindros de serie parece un acto de rebeldía. No buscan el récord absoluto; buscan disfrutar, aprender y demostrar que la velocidad también se puede perseguir con humildad mecánica.
El curso es rugoso y traicionero. Si el viento golpea de costado, el coche se mueve y obliga a corregir constantemente. No es como conducir sobre asfalto, donde la adherencia es predecible y permite buscar trazadas.
En la sal, cada corrección al volante cuesta energía y velocidad. El piloto debe anticipar, ser suave y aceptar que la superficie impone sus reglas por encima de cualquier cálculo teórico.
Bonneville también es liturgia: colas en Carmen’s, historias compartidas, ayuda mecánica entre rivales y una cerveza después de los nervios. Los pilotos se quitan el casco y se convierten en narradores. La sal borra egos y premia la camaradería.
Por eso, aunque los titulares se los lleven los coches de 400 mph, la esencia del evento vive en los equipos que cruzan continentes para sumar una pasada más.
6. Del salar al concesionario: por qué Bonneville importa a la industria
Aunque la mayoría de los coches que compiten en Bonneville siguen siendo de combustión, la sal funciona como un laboratorio extremo para toda la industria. Cada mph adicional exige mejorar la eficiencia aerodinámica, la refrigeración, la resistencia de materiales y la gestión térmica. Los fabricantes observan estos experimentos porque los problemas que aparecen a 300 o 400 mph también afectan a los vehículos de altas prestaciones que llegan al mercado.
Para los vehículos eléctricos y híbridos de alto rendimiento, la lección es directa: la velocidad punta no depende solo de la potencia, sino de la capacidad de disipar calor, de la eficiencia energética y de la estabilidad a alta velocidad. Bonneville castiga la batería, el inversor y el sistema de refrigeración tanto como castiga al motor de combustión. Por eso, los proyectos que buscan récords con propulsiones alternativas encuentran en la sal un banco de pruebas implacable, sin tráfico, sin curvas y sin margen para el error.
Ficha técnica · 8 datos
- Ganador de la Semana de la Velocidad 2026
- Danny Thompson
- Velocidad de Thompson
- 396.949 mph
- JCB Hydromax
- más de 400 mph (FIA)
- MGA de Mike Wagner
- V8 Ford Coyote supercargado, 600 CV
- Objetivo del MGA
- 200 mph
- Santa Fe Roadster
- objetivo 300 mph
- Suzuki Cappuccino
- 660 cc, 3 cilindros, de serie
- Ediciones de la Semana de la Velocidad
- 78
Análisis y conclusión
La Firma de AL CORTE: Bonneville, donde la velocidad se mide en coraje y sal
Bonneville no es solo una pista: es un laboratorio de resistencia, aerodinámica y voluntad humana. La Semana de la Velocidad 2026 dejó dos relatos que se cruzan: Danny Thompson rozó las 400 mph con la Ferguson Streamliner y se llevó el trofeo, mientras el JCB Hydromax superó ese umbral en la verificación FIA. El morbo mediático se inclina por la cifra más alta, pero la verdad deportiva exige mirar el contexto: la sal, el viento, la superficie y el procedimiento de homologación.
En Bonneville, un récord no es solo un número; es una suma de condiciones, ingeniería y valentía. La próxima gran batalla no será únicamente por más potencia, sino por más eficiencia aerodinámica, mejor tracción y sistemas de propulsión capaces de sobrevivir al infierno blanco.
REVOLUCIÓN TÉCNICA
Bonneville confirma que la frontera de los 400 mph sigue viva: Danny Thompson se queda a 3.051 mph del umbral con la Ferguson Streamliner, mientras el JCB Hydromax lo cruza en la verificación FIA. La sal reparte gloria, pero también deja claro que la próxima gran batalla será técnica, aerodinámica y de propulsión.
Cubre los relevos nocturnos, la niebla en Eifel y la batalla implacable entre Porsche, BMW, Ferrari y Mercedes en las pistas más míticas.



